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La afición
de los zaragozanos por el teatro se manifiesta desde el nacimiento
de la ciudad. Desde el TEATRO ROMANO construido en el Siglo
I, cuyos restos se encuentran en la calle Verónica,
hasta el actual emplazamiento del TEATRO PRINCIPAL,
los teatros han formado parte de la vida cotidiana de la
Ciudad del Ebro. Ya en la época de César Augusto, se
reserva uno de los espacios más céntricos y mejor
comunicados para la construcción del mayor teatro hispanorromano
conocido. Su aforo, de 6.000 localidades, en una ciudad de
tan sólo 18.000 habitantes, nos da idea del poder de
atracción que los espectáculos teatrales tenían
en Cesaraugusta, ciudad conocida en la época romana
como una gran metrópoli de ocio y cultura para todas
las tropas destacadas en Hispania. En el siglo XVI, comienzan a proliferar en
las principales ciudades españolas teatros permanentes.
En Zaragoza se construye El Corral de Comedias del Coso,
administrado por el Hospital Nuestra Señora de Gracia.
Es el primer teatro de estas características en nuestra
ciudad, y se sitúa en el actual emplazamiento del
Banco de España. Tras numerosas reformas, el viejo
edificio fue sustituido, en febrero de 1771, por el nuevo
Coliseo de Comedias. Este edificio fue destruído
por un pavoroso incendio acaecido el 12 de noviembre de 1778,
en la representación de La Real Jura de Artaxerjes por
una Compañía de cómicos italianos en
gira por España. En la tragedia murieron 77 personas
y constituyó, sin duda alguna, la página más
negra de la historia teatral de nuestra ciudad. Por este
motivo las autoridades prohibieron cualquier exhibición
escénica, hasta que un importante sentimiento popular
presionó para que se construyera, por el arquitecto
zaragozano Agustín Sanz, el Teatro Nuevo,
hoy TEATRO PRINCIPAL, que se inauguró en
el actual emplazamiento el 25 de agosto de 1799.
El TEATRO PRINCIPAL se convierte a lo largo
de los siglos XIX y XX en lugar privilegiado en el que se
dan cita las más importantes compañías
de teatro, ópera y ballet del momento. Desde su fundación,
los nombres más prestigiosos de la escena mundial
han dejado su huella en el primer coliseo de la ciudad. El TEATRO
PRINCIPAL tuvo que acomodarse a los nuevos tiempos
y vivió importantes reformas, como las realizadas
por José Yarza, en 1858; Ricardo Magdalena, en 1870
y Regino Borobio, en 1940. Sin duda alguna la reforma más
importante la realiza Ricardo Magdalena, inspirándose
en el modelo de planta de la Scala de Milán: se recrea
una nueva fachada y se lleva a cabo una nueva decoración
interior de la sala, destacando la embocadura del escenario
y el magnífico telón de boca pintado por Marcelino
de Unceta. El telón representa el Templo de la
Fama,
en cuyo centro aparece la inmortalidad, flanqueada por la
Tragedia y la Comedia. En los grupos laterales, Unceta retrató a
los más importantes autores y actores del teatro español.
La reforma que sin duda
puso al TEATRO PRINCIPAL en la vanguardia
técnica de los mejores coliseos de artes escénicas
españoles fue debida al arquitecto zaragozano José Manuel
Pérez Latorre; en ella se configura un nuevo sistema
de distribución interior, además de dotar
al teatro de una gran infraestructura técnica. También
se remodeló la parte posterior del teatro, quedando
peatonalizada la Plaza José Sinués. Se restauraron
las pinturas de los techos, obras de los artistas aragoneses
Joaquín Pallarés, Dionisio Lasuén,
Emilio Fortún, Angel Gracia y Mariano Oliver, además
de un suntuoso hall presidido por el mural de Manuel Broto.
El piso de la planta calle se cierra al patio con un gran
mural, alegoría del pintor Jorge Gay, visible junto
con las columnas que sustentan cuatro grandes esculturas
de Francisco Rallo. Todo el conjunto preside los camerinos
principales.
El TEATRO PRINCIPAL actual,
totalmente remodelado, fue inaugurado el 2 de mayo de 1987
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